Tenía mucho tiempo de no acercarme
a mí pequeño blog, y lo tengo un poco
descuidado, si no estoy mal mí última publicación sobre que todos tenemos
derecho a retomar nuestros sueños, bueno
al punto, “Hoy tengo preguntas sobre el amor”, y no son las típicas
preguntas sobre ¿Quién me quiere? ¿Quién no me quiere? Etc. Mi pregunta va
más allá de la forma de pensar tan común de los mortales (No hagan caso a esto último),
no dejando de lado a las personas que no creen en el amor pueden tomar la
palabra y cambiarla por cariño o amistad, como más les convenga, yo lo tomaré
como AMOR y a lo largo de lo que escriba entenderán por que sí creo en el amor.
Y aquí vienen mis
preguntas:
1.
¿Quién puede decidir si las personas merecen su
amor?
2.
¿Quién soy yo para decidir si una persona merece
que me ame?
3. ¿Una
persona X, puede decidir si merece que yo la ame?
Son buenas preguntas, que
he tenido a lo largo de las últimas dos semanas quizás, y estuve pensando y
buscando las respuestas a mis incógnitas, y encontré algunas que sacan parte de
mí personalidad y del porqué soy tan entregado a la mayoría de las personas,
(El 80% de las personas que conozco reciben mucho cariño o amor de mí parte,
tal vez sean menos o más, no haré más cálculos), y si bien no todos van a
compartir mi forma de pensar, ésta bien puesto que todos tenemos diferentes
formas de ver las situaciones y evaluar las mismas.
Mientras pensaba en todas
mis preguntas, las respuestas se fueron dando a partir de una pregunta que
surgió, ¿Yo merezco el amor de Dios en mí vida? Y es una pregunta que como humano que soy tuvo
una respuesta muy directa y fuerte; “NO”, definitivamente no merezco el amor de
Dios en mi vida, pero la respuesta que Dios mismo me dio fue mucho mejor que la
que yo respondí, y fue a través de una cita bíblica, parafraseando la misma
dice: “Tanto amo Dios al mundo, que entrego a su hijo único para que éste fuese
salvo”, y me dije: ¡Es Cierto!, Dios nos ama tanto que bajo del cielo y se hizo
hombre para que nosotros nos salváramos, sufrió por nosotros, murió en una cruz
y derramó cada gota de sangre por cada uno de los que estaban ahí, por sus
antepasados y por las futuras generaciones después de su pasión, muerte y resurrección.
Ante tal respuesta, simplemente se fueron aclarando mis dudas sobre cada una de
las preguntas que surgían en mí durante estos días.
A la primera y
segunda pregunta, la respuesta fue fácil,
Nadie puede decidir quién merece su amor, ni siquiera yo puedo decidir
quién merece que yo lo quiera o lo ame, ¿Por qué? Simplemente porque si Dios
mismo se hizo hombre y dio su vida por mí sin condición alguna que lo ame, yo
no soy quien, para negarle a otra persona que me ame, y va muy ligado del
perdonar, a mí en lo personal me es difícil, más porque soy una persona muy
orgullosa, que difícilmente puede perdonar, sin embargo he fallado tantas veces
a Dios, con mis actos, con mis imprudencias y desobediencias y Dios mismo me ha
perdonado una y otra vez, y en vez de abandonarme, él me regala muchas
bendiciones, que me comprometen a ser una mejor persona, y esto a pesar de que
yo no le devuelvo o no le doy lo que se merece, y Dios me da más de lo que
merezco, por eso es que yo a las personas que les tomo mucho cariño, les doy
mucho, y no esperando nada a cambio, sí no por que doy lo que recibo de Dios, y
recibo más de lo que merezco, por eso mismo es que la última pregunta tiene una
respuesta más impactante aún.
Para la última pregunta,
llego a mi mente y mi corazón uno de los últimos mandatos o mandamientos de
Jesús a sus apóstoles, “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”, no
importando si es mi amigo, la persona que me cae mal o la que más daño me hizo,
debemos amar como Dios nos ha amado, y según la respuesta anterior, nos ama
mucho, nos ama infinitamente, por lo cual nadie puede decir: “Yo no merezco tú
amor”, porque yo no merezco el amor y la misericordia de Dios, y él me da más
de lo que yo puedo merecer, sin esperar mucho a cambio, sólo esperando que yo
lo ame, y aunque no lo ame con todas mis fuerzas, con el hecho de que yo lo ame
un poquito, para él es suficiente.
Por lo tanto, yo voy a
amar o querer a las personas que me rodean, sin condición alguna, dando todo lo
que éste en mí sin esperar nada a cambio, no me va a importar si me quieren con
la misma intensidad o no, lo que me va a importar es amar como Dios me ama, y
debido a que Dios me ama infinitamente, mi cariño será infinito, voy a luchar
por perdonar a los que me hagan daño, a los que busquen que yo sufra, no
prometo que será siempre, porque soy humano, y por ende puedo errar en mí lucha.
Así que la próxima vez en
que alguien me diga que no merece mi amor, mi respuesta será: “Yo no merezco el
amor de Dios, sin embargo el me ama, tal vez no merezcas mi amor o cariño, sin
embargo yo te amo o te quiero”, y ¡Ese es mí camino!
Aclaro nuevamente, no espero nada a cambio por la actitud que deseo tomar como mi caminar, lo que sí espero es que aunque no sea con mi persona, al menos se tomen la molestia de querer incondicionalmente a las personas que si consideran valen la pena para ustedes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario